"Estar bien" es como no decir nada.

Nuestro hogar es el cuerpo, la mente y nuestras emociones. Y es necesario saber que pasa dentro de nuestro hogar  para poder expresarnos y poder sanarnos. Cuando somos niños sentimos también, y por eso los niños no paran de moverse, de jugar porque necesitan hacerlo para sentir. Pero no están preparados para interpretar los que les pasa con la palabra, pero si con los gestos, con la risa, con el llanto. En la escuela, donde en general no dejan moverse a los niños y ni tampoco que se expresen tal y como son cada uno, que el resultado en muchos de los casos es la amputación de todo aquello que les sale de su mente creativa y por ende de su corazón. Si estas escuelas dejaran al niño, Seguramente en su adolescencia comenzaría a expresar aquello que pasa dentro de él de manera más clara, más  profunda. Y así algún día cuando tenga cuarenta, cincuenta o sesenta años y algún amigo, o quizás su madre le pregunte: ¿Qué tal estás? pueda contestar con toda su sinceridad de lo que le está pasando dentro de si, en su pequeño hogar. Si estás triste, si estás profundamente feliz, si estás tranquilo, o embargado quizás por un gran vacío. Así es como se abre el corazón y se comparte, se disfruta del otro y se le puede dar la oportunidad de amarlo.

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 Por eso cuando nos preguntamos de corazón: ¿Cómo estás?, cuando el corazón no queremos que hable decimos "estamos bien". Y como eso realmente lo que nos muestra es que no queremos compartir lo que nos pasa. Que estamos con el corazón cerrado y que tenemos tanto miedo a abrirlo. Y así dejamos que se marchite dentro de nuestra casa, de nuestro cuerpo, de nuestra mente, de nuestro ser.

Por eso cuando un amigo, un hijo, un hermano, un padre, una madre o un alma buena te pregunte: ¿Cómo estás?. Ábrele tu corazón. Dile lo que realmente te pasa. Los dos vais a salir ganando porque a lo mejor vuestros corazones tienen algo que decirse.

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