Mi experiencia con el Yoga y los niños.

Los niños son inteligencia en estado puro. Son un tesoro escondido que algunos adultos debemos de encontrar. Generalmente en el mundo de los adultos hemos perdido la capacidad de asombro, la espontaneidad, la frescura de cuando éramos niños. El cuerpo se nos va endureciendo, volviéndose más rígido a la vez que lo hace nuestra mente. A partir de los treinta años, algunos antes, se activa en nosotros un interés por lo espiritual, por las preguntas eternas, por asuntos puramente existenciales. A esta edad algunos nos hemos iniciado en el camino del Hata Yoga. En mi opinión el ser humano experimenta otra forma el yoga antes de encontrase con el “Yoga de adultos”. El cuerpo y la mente de los niños sanos es un mundo de experiencias y pensamientos, todo son sensaciones que experimentar, vivir y encontrar, lo mismo que en el yoga. 



Mi primera profesora de Yoga decía algo como que los niños no necesitan el yoga, y si hay algo en el que pudiéramos transmitirles debería ser siempre adaptado a su lenguaje. Yo encontré una respuesta años más tarde. Fueron en los años en los que conocí la paternidad que de nuevo entré en contacto con mi infancia pero desde otro punto de vista. Con el tiempo y algunos resbalones encontré esa vía de conexión con la niñez, y entonces es cuando comencé a aplicar mi trabajo con el yoga con los más pequeños. Me di cuenta que aquí podía vivenciar lo que ellos sienten y conectarme de nuevo con la fuente de agua pura y cristalina que son ellos, los niños, y vivir de nuevo esas experiencias pero de forma más consciente, con otro bagaje y así encontrar ese tesoro oculto que decía. Los niños son unos auténticos yoguis, pero al contrario que el yogui de verdad no es consciente de lo que pasa. Lo mismo que le pasa a un árbol o un animal salvaje, vive plenamente pero no es del todo consciente de lo que le ocurre. El yoga nos invita a los adultos a vivir de nuevo esa conexión mediante el método del Yoga. Pero los asanas (posturas) deben der ser activos, y los mamtrans (sonidos) pura música emitida por ellos, los mudras manos con que jugar y los mandalas el orden del universo dentro de su caos armónico. Los cuentos, los juegos con su cuerpo y las visualizaciones nos invitan a soñar con ellos, y ellos con nosotros. El juego y la relajación son parte del aprendizaje, sobre todo en este mundo de adultos enloquecidos por sus propios miedos y egocentrismos que tanto nos cuesta manejar. Rebeca Wild en el libro “Mit kínder leven lernen” que tradujeron al castellano como “Aprender a vivir con niños. Ser para educar” nos invita a los adultos aprender de los niños, precisamente para manejar nuestro egocentrismo y seguir evolucionando, de ahí lo del tesoro escondido en los niños.



Algunos niños encuentran en el Yoga un camino para experimentar. El profesor disfruta de lo que le aportan y los niños encuentran herramientas para descansar en una playa o en un jardín mágico. De esta manera descansan de la dilatada e intensa vida llena de retos y procesos en continuo cambio, que les generan a menudo desequilibrios. Es un refugio para el encuentro de la paz y el equilibrio interior. Aquellos que lo han perdido puedan permitirse esa quietud tranquila y a los que son más dinámicos y nerviosos lo puedan conocer y decidir si usarla. Creo que en este momento en que vivimos como sociedad crear este tipo de espacios es importante para dar a los niños la oportunidad de sentir y descubrir sus potenciales, y así poder elegir ser lo que realmente quieren ser, y en un futuro puedan encontrar un espacio en esta sociedad además de sentirse útiles y de ser felices. En la escuela se está intentando introducir, pero todavía no se cree bien en sus beneficios. Espero que algún momento se tengan en cuenta estos tipos de enseñanzas y al menos encuentren abrigo en la enseñanza no reglada. Y a lo mejor quien sabe, un día se comience a dar en las escuelas y ocupe un lugar más relevante en la educación. Y todos ya sabemos que la educación es el fruto que recogeremos mañana. 




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