jueves, 18 de octubre de 2012

Alimentos, adicciones y conciencia.

Lo que consumimos y cómo lo hacemos puede decir mucho de nuestro aspecto emocional. Mucho de lo que comemos los hacemos por saciar vacíos que no podemos llenarnos a nosotros mismos. El azúcar  el tabaco, el café y otras drogas hacen de sucedáneos para llenar aspectos de nosotros que de otra forma nos harían seres más saludables y felices. He aquí un fragmento del libro: ""Las dimensiones espirituales de la sanación de adicciones", de Donna Cunninghan y Adrew Ramer. En los que nos anima y nos propone ejercicios mentales para dejar las adicciones cita algunos pormenores de nuestros excesos y "vicios" que sin ser del todo conscientes todos tomamos.


Nuestra cultura como una cultura adictiva

Somos una cultura adictiva y nuestro estatus dentro de ella se juzga en función de si nuestra adicción está bien vista o no. Si eres adicto a la posesión de riquezas, tienes éxito, si eres adicto a la comida, al alcohol o a las drogas, eres un fracasado. Si diversificas tus adicciones en vez de especializarte, de forma que tienes más dinero, más posesiones, más sexo, más bebida, más cocaína y más comida que el resto de nosotros, eres envidiado. Eres un ganador, una persona que sabe cómo vivir bien.
Hay mucha aprobación social al exceso, pero no a la adicción. En nuestra cultura abundan los dobles mensajes acerca de estas substancias. Come copiosamente pero no engordes. Bebe como un hombre pero no te emborraches. No te sientas mal, toma algo para eso, pero no te enganches. La persona que está tratando de mantenerse fuera de la adicción muchas veces es animada, engatusada, presionada e incluso coaccionada para dar una mordida, un trago, una calada. Un grupo de autoayuda es extremadamente útil para fortalecerte contra la presión social y reforzar tu deseo de parar.
La adicción se debe parcialmente a los efectos deshumanizantes de nuestra cultura. Somos masas conformistas, no los seres que somos. Para la mayoría de personas, el trabajo tiene poco valor o individualidad, poco sentido de logro. Antes éramos capaces de decir por ejemplo que nosotros construimos la casa que habitamos. Si todos los que tienen una adicción la dejaran de un día para otro, habría un colapso en las decadentes instituciones de nuestra sociedad. Las adicciones han sido usadas para aquietar a las masas infelices desde la historia más temprana. Por ejemplo, a los nativos americanos y a los esclavos negros deliberadamente se les daba licor para controlarlos y para hacer que aceptaran la dominación blanca, y estos grupos aún sufren grandemente debido a la herencia de la adicción. Marx reconoció el uso de la adicción para controlar cuando dijo que la religión era el opio de las masas. En una época en que las masas ya no recurren a la religión, simplemente recurren a una u otra clase de opio.
Buscar el equilibrio en un planeta desequilibrado es duro y constituye otro arrastre hacia la adicción. Estamos tristes ante los cambios, el desperdicio. Abusamos de las substancias para amortiguar el miedo de reventarnos a nosotros mismos, para adormecernos frente a los peligros, la cobardía. Todos tememos lo que le está ocurriendo al planeta, hacia dónde nos estamos dirigiendo. El propósito de la adicción es adormecer nuestra conciencia, reprimiendo nuestros sentimientos. Es una elección colectiva: “Come, bebe y sé feliz porque mañana podríamos morir”. Es una reacción, también, a la falta de un sentido de propósito planetario y al sentimiento de unicidad que conocíamos cuando todos estábamos más en contacto con el espíritu.
También estamos tristes porque ya no hay ningún lugar en la tierra hacia el cual expandirse... no hay más fronteras qué conquistar, no hay nuevas tierras. El deseo de expansión es parte de todos nosotros, y a falta de un lugar para expandirnos, buscamos expandirnos mediante más dinero, más posesiones. Nos hemos vuelto una sociedad enfocada en el consumo, queriendo más, más, más. Necesitamos tener algo en marcha siempre o nos sentimos vacíos. La vacuidad viene de no estar en contacto con el lado espiritual de tu ser y los otros niveles de conciencia.






Aquí os dejo un cuadro para saber "si no lo sabías ya", de como dejamos de escuchar al cuerpo y comemos para saciar nuestros vacíos emocionales:

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