El yoga en primavera.


La primavera significa surgimiento y esplendor de vida. Es la época del año en que se manifiestan más evidentemente los procesos del nacimiento y el crecimiento en cualquier forma de vida. Las semillas rompen su envoltorio para crecer hacia la luz, las hojas y las flores estallan en las ramas para darnos ese verde.


El yoga estacional 











Cada estación del año tiene unos biorritmos en base al movimiento energético que se produce dentro de la naturaleza. Este se relaciona con el biorritmo del individuo, lo que nos lleva a modificar, a cambiar la metodología en el trabajo del Yoga a lo largo del año según cada estación. Ya que cada estación tiene unas características específicas.

. Teniendo en cuenta estas características la práctica de la sādana se le puede dar una continuidad durante todo el año, siguiendo el patrón de biorritmo energético en consonancia con la ritmología de las estaciones.


El yoga estacional nos lleva a la práctica con una metodología muy concreta, lo que nos permite experimentar, comprender, investigar, observar y sobre todo presenciar todo lo que acontece y va ocurriendo a lo largo del año. Por ello, una clase de yoga estacional en invierno es totalmente diferente a una práctica en la etapa de la primavera, al igual que una práctica de verano es diferente a la del otoño.



La primavera








La primavera es la estación del principio y la creación. Es un momento especial para abrirse a lo nuevo, y la estación para despedir al pasado que está a punto de irse.


Es un buen tiempo para el ayuno, o para una buena desintoxicación a base de prácticas como el ayuno, u otros como ejercicios de limpieza y desintoxicación propias del la práctica del yoga como los shatkarma, creando una armonía más clara entre nuestras vidas exterior e interior.

La dieta será más ligera y contendrá más alimentos crudos –verduras, brotes, ensaladas, frutas, nueces y semillas- y algunos cereales. La práctica del yoga será más dinámica y se establecerá un trabajo multidisciplinar alrededor del órgano que rige la estación, el hígado y su víscera, la vesícula biliar. A través de prácticas como āsanas, pranāyāyama, mantrams ,… el Yoga nos permite ponernos en sintonía con la estación predominante, haciéndonos más conscientes y despiertos en el fluir de la energía.


La etapa cósmica de la primavera es simbolizada por el nacimiento. Es el momento de nacer, re-nacer, generar o regenerarse. Es por ello que la etapa del día a laque pertenece la primavera es el amanecer.

En la vida hay continuo nacimiento. En la primavera se despiertan aquellas energías adormecidas del largo letargo invernal. En la estación del invierno se establecía una tipología específica, estática, de recogimiento. Por ello en el despertar de la vida, en la estación de primavera, aparece un yoga más dinámico, más hacia afuera, más yan.




El Hígado y la vesícula biliar.




El órgano que domina la estación, aquel que mantiene mayor apogeo energético, es el hígado. Las āsanas que se van a practicar van a ir orientadas a este órgano.


Así como el órgano de la primavera es el hígado, la víscera representativa es la vesícula biliar. Estas realizan funciones esenciales en el cuerpo, particularmente la digestión y procesamiento de muchas substancias que introducimos en nuestro organismo.




La vida depende de nuestros pulmones, corazón y circulación para que llegue oxígeno, calor y nutrición a todas las células, pero el hígado proporciona un apoyo esencial a esos procesos. Se conocen más de cien funciones a este órgano. No podemos vivir sin él; sin embargo posee una notable capacidad de REGENERARSE tras una operación quirúrgica, herida o enfermedad.

Las células del hígado (hepáticas) producen bilis, que ayuda a la digestión, y la almacenan en la vesícula biliar para que la utilicen los intestinos en la emulsión de grasas y así mejorar la capacidad del intestino delgado en la absorción de los ácidos grasos.


Como la bilis, la cromaticidad que sintoniza con la primavera es el color verde. El color dominante. Los tiernos brotes de las plantas, de la nascencia, del verdor de las nuevas hierbas, y de los renuevos de los árboles.

El hígado necesita de cosas verdes, y no sólo en la alimentación, sino en los aspectos cromáticos del color verde. Toda nutrición celular es una nutrición fotónica. El color que necesitamos recoger es el verde. Así si nos encontramos demasiado incómodos con un exceso de deseo o si al contrario lo rechazamos, este será un síntoma de desarmonía con el elemento madera, aquel que rige la primavera según la medicina china.

El sentido que predomina en la primavera es la vista. Por tanto la sādana tiene que ser tratada con trātaka.

La carga emocional relacionada con la primavera son las lágrimas, el llanto. Es necesario, y en este tiempo más que nunca una salida emocional al llanto. Permitirse llorar, como lo hace un niño. Esto provoca una limpieza interna y depura nuestro estado emocional.

La vía de la expresión emocional que sintoniza con la primavera es el grito. El grito es mecanismo de descarga energética a nivel bioorgánico o psicobiorgánico. El grito, entendido como educado, sin motivo de agresión. Gracias al grito obtenemos una educación psicoemocional en el individuo, observando los mecanismos de descarga de tensión. Esta herramienta es útil para practicar la sādana.








El valor espiritual primaveral es el alma. El alma es aquel sentimiento, o concepto que cada uno considere, y así se establece como tal, ya se considere algo metafísico, biológico, sentimental o quizás sea como receptáculo de oraciones y/o devociones.


Las prácticas de las āsanas se deben hacer mirando al Este (sol naciente). La energía circula a través de la musculatura. Son los músculos aquellas partes donde se concentran los mecanismos de combustión energética. Por tanto se deben poner atención a la musculatura dinámica (ejercicios de movimiento). Aquellos que pertenecen a la musculatura estática se trabajan en otoño y en invierno, (ejercicios estáticos).


Se necesita sudar en la primavera. Desde el punto de vista fisiológico el hígado necesita de altas temperaturas para funcionar correctamente. Es el único órgano de nuestro cuerpo que está siempre sometido a unas temperaturas del orden de 39o a 40o centígrados. Es precisamente a partir de esta temperatura cuando aparecen los efectos depurativos y es entonces cuando empezamos a limpiar. Subir la temperatura es la mejor forma que tiene el hígado de transformar todas las patologías virales. Aunque muchas veces no se pueden llegar a esas temperaturas porque existe un desequilibrio entre la musculatura, el sistema articular, nutricional y sobrecargas hepáticas.


Por eso el yoga primaveral es fundamentalmente depurativo.




Fuente:

"Yoga Estacional. La primavera". Trabajo para la escuela de profesores de la GFU Madrid. Año 2011.



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